miércoles
Die Ausnahme
sábado
Geschichten Philadelphias
Se acabó. Karin sabía que no tenía la cabeza en la sala. Le dolían los dedos, se aburría de la situación, de aquel sentimiento de saber que uno está llegando al límite. La carretera, el sol, los peajes, las gasolineras… qué lejos quedaba todo aquello.
_Y lo has echado a perder por culpa de tus vicios.
¡Qué tendría que ver! Bob siempre se entrometía en su vergüenza.
_Eres una libertina, una desenfrenada. Fernando lo sabe y no te dejará entrar en su casa, no va a permitir que ingreses en su vida tan fácilmente.
Pero las cosas no iban así; los acontecimientos transcurrían tal y como las acciones se desarrollaban y tomaban forma. Sentía mucho tener secretos ante el transcurso vital pero no podía evitar estar en contra de todo, sentirse una rebelde. Vivía un día o dos por delante de los demás.
_Deja de alterarla, va como va, y la mayoría de veces no como tú quieres.
Y ya lo sabía, qué pesadilla. La luz entraba por debajo de la puerta, ¿sería Fernando?, ¿vendría dispuesto a pedirle explicaciones? Se acabó, no esperaría un día más, era el momento de convertirse en la Katharine Hepburn de Historias de Filadelfia.
_Nunca te cansas del misterio malintencionado.
Cállate Bob.
domingo
Empfindung der Frische
Toda mi vida recordaré el veinticinco de abril.
Aquél día Karin y Diana habían quedado para tomar café. Hablaron sin decir gran cosa, el día las perjudicaba de nuevo, una tarde pesada, bohemia, cargada. Se miraban dejando pasar el tiempo y empezando historias paralelas que no tenían ninguna conexión entre ellas. Decidieron que por la noche irían a ver Lawrence de Arabia a casa de Fernando. Sólo de este modo los problemas dejarían de existir.
Aquél día Andrés cogió el coche al salir de la fábrica. Su jefe era una persona de carácter crónico-displicente que provocaba en él la continua sensación de cansancio y lasitud. Pero eso era una simple anécdota cuando llegaba a casa y Julio le esperaba preparando sus exóticos platos. Aquella noche había preparado canapés de queso de cabra con aceite de ajo. De postre, batido de coco y frambuesa.
Aquel día una ardilla corría por el pirineo aragonés. Un hombre llamado Alexander estaba talando un árbol mientras pensaba en la hora de la siesta. Se sentía agobiado, pues llevaba unos días intentando descifrar el mensaje más importante que le habían dado jamás. Hacía calor y su mujer Penny leía a Goethe en el balancín. Otra ardilla, de pelaje más oscuro, observaba atónita el panorama y no era capaz de pensar nada.
Aquél día el tiempo era el único que iba a determinar la transcendencia de lo ocurrido. El veinticinco de abril no iba a llegar y dedicarse a elevar cualquier hecho al nivel de acontecimiento. No hay apetito sempiterno, no entiendo de carpetazos o de sentimientos liquidados, además los fantasmas del ayer están todas las noches susurrándome al oído, “tu corazón debería haber sido, tu corazón debería haber sido…”. Esto, de momento, es una agradable sensación de frescor.
sábado
Die traurigen tage
Tan claro como que el dolor se reflejaba en el temblor de mis rodillas, en la pesadez de mis hombros. El sol no había salido por la mañana, habíamos sido nosotros los que lo habíamos ido a buscar, y él estaba igual que siempre, incluso más agradecido de compartir su luz. Pero el día no me acompañaba, las personas estaban a años luz de mí, las paredes desaparecían cuando me apoyaba en ellas. Era ciencia ficción.
Al llegar a casa, el pincel quedaba lejos. Tenía otras cosas a mi alcance; las llaves, las galletas, el ratón. Siempre sentía tristeza al ver un pájaro. Muchas mentiras habían corrido por las calles de la ciudad, algunos pintaban cruces blancas en sus puertas, como en Egipto. Otros preferían ahogarse en la Atlántida. Yo no sabía qué hacer, mi piel estaba reseca, acabó de romperse cuando un policía cortó el viento apuntando con su pistola a un hombre enfermo.
Luego, sus ojos, ¿de qué color eran? No podía finjir que no los veía y los apreté tan fuerte que los rompí en pedazos. De golpe, me vi yo también atrapada en azul. Era ciencia ficción. El sol había muerto con la tarde y miles de palomas estaban en mi balcón. ¿Quién me susurraba? ¿Quién me pedía perdón?
domingo
Nicht alles ist implizit
Karin venía del entierro. Paseaba bajo la sombra de los cipreses y no podía expulsar de su cabeza la frase del señor. “No ames el sueño para que no te empobrezcas; abre tus ojos y te saciarás de pan”.
Lo onírico, lo imposible y lo utópico formaban parte de la incertidumbre del futuro, sin embargo en su caso, eran conceptos del pasado. A Karin le importaba poco lo que sucediera, se daba cuenta minuto a minuto de que la vida era presente, de que los minutos que vienen, aparecen de la nada pero se agarran con más fuerza que las posibilidades, las visiones o los pareceres.
Sin ganas de seguir sosteniendo su cuerpo, Karin se sentó en el viejo banco blanco del cementerio, allí los recuerdos aparecían produciendo en ella la misma sensación que la primera gota de una tormenta de primavera tocando la punta de su nariz.
El coche negro de Isaac, su perfume, su bufanda, sus risas ruidosas, su rostro atento delante de ella, sus gestos de cansancio, los días en el parque, los días en la calle, en las cafeterías, en las gasolineras.
¿De qué serviría todo aquello si cuando ocurría tan sólo ella lo vivía en estado puro?, Karin nunca supo lo que Isaac tomaba como implícito en su relación con ella, nunca supo en qué medida sus comentarios habían dejado huella en él.
Ahora ya sí que no lo sabría, sus conversaciones sobre política y religión concluían en un banco de un cementerio, tras una ceremonia cristiana, con la escéptica y atea Karin recordando palabras del señor.
Las cosas que no han sido verdad, no lo son. Karin había permitido con demasiada facilidad que los acontecimientos ocurrieran sin más, había desperdiciado canciones, miradas, gestos roces, había asesinado a la valentía, a la firmeza, a la posibilidad de jugar y ganar.
Y lo que más la angustiaba, lo que en unos instantes acabaría con su nudo en la garganta, era el hecho de que sabía que si Isaac pudiera escucharla en esos momentos tan sólo sería capaz de pedirle un cigarro, preguntarle por la hora o hablarle del tiempo.
lunes
Alles ist die vergangenheit
James era un hombre que parecía que llevara una maya térmica azul bajo la piel. Era inmune a la capacidad del sol de oscurecer la piel en verano. Sus labios eran eléctricos con el frío de diciembre. Solía llegar tarde al trabajo porque siempre perdía su bufanda púrpura. Le conocí en una cena de empresa, James acababa de llegar de Ontario, aun que era originario de…otro lugar. Cuando me vio por primera vez me pidió prestada la corbata. Él vivió en mi casa algunos meses del año, otros se iba con el coche de su hermana a un pequeño pueblo del país vasco cuyo nombre nunca me quería decir. Una vez ocurrió algo que me abrió los ojos. James trajo una mujer a casa, se llamaba Julia, era andaluza. Hablaba más con ella que conmigo, pasaba horas y horas a su lado. Antes de conocer a James no lo hubiera imaginado nunca, pero llegué a sentir celos de Julia, necesitaba la atención de James, los besos que alguna vez me había dado. Llegué a pensar que sería el hombre de mi vida hasta que sin despedirse, desapareció.
Hace dos semanas me encontré a Julia en la parada del autobús. El pensar que James aun estaba en la ciudad me aterrorizó, sin embargo, vi algo que me confirmó su ausencia; Julia estaba embarazada y un hombre alto, de tez morena se acercó a ella y la besó. James llevaba fuera de España desde el mismo día que salió de mi casa.
Ángel Méndez.
miércoles
Grüner hund
Han roto la lechuga de Elena, también han acabado con su oasis, con sus nuevos y brillantes pimientos rojos, con sus ratones debajo de la lavadora y con su casette de Donovan. Acaban de llegar y se atreven a desmitificar sus héroes y sus teorías aplastantes. (Laura habla de sus divertidos errores, Albert habla de sus incomprensibles deseos para Elena, Carlos habla de nada porque no tiene ganas de hablar, Josep habla de sus triunfos a Laura y a Carlos, Jordi siempre habla de Jordi a Elena, Sergio habla-bla-bla-bla). Húndetelos Elena, hunde los auriculares lo más dentro posible de tus oídos, si es posible que ambos se toquen, que lo hagan, que tu cerebro sea música; sueca, japonesa, rusa, haz lo posible para no entenderla, para no oírlos, para deshacerte de sus conclusiones ¿En qué caminos turbios te metes, que te llevan todos a la lógica? ¿Hace la lógica que quieras vivir lejos de Albert, de Josep, de Carlos, de Sergio o de Laura?. Elena, eres tu perro andaluz, huye.
viernes
Ich will in roter Erde leben
De aquí, lejos. Águilas lejos, en las cuevas de lejos. Allí donde la tierra es roja y mi piel era seca. Veía todo recurrente, las ganas de vivir, el dejar de respirar para buscar el sol entre las blanquísimas nubes. Como en un desierto, podría haber sido un nopal. No dejaba de pensar en Ángela, en Karin, en Ana. Estaba aquí, justo en este lugar, viviéndolo todo por segunda vez, pero, no como en la primera, le había dado al play. En la carretera, me di cuenta de que lo que quería era fácil. Luego caí, ellas se sienten muy solas, recordé lo que hablábamos hace una semana. Fue entonces cuando podía dar marcha atrás, volver a mi ciudad dejando una parte de mí viviendo aquello desde cerca, con los ojos de un pájaro y un papelito en el bolsillo. Eso fue lo que hice, ni si quiera cogí prestada una piedra, y ahora, a veces, conecto con las nubes y espero.
martes
Mein Nachbar
Le escucho en muchísimas ocasiones, y no precisamente porque pegue la oreja a la pared. Tiene una voz, a mi parecer, poco varonil, una voz que, aunque parece demasiado aterciopelada y melosa, cuando susurra se le desgarra muy sutilmente llegando así a convertirse en un sonido ligeramente erótico sin dejar de tener un tono extraño y en ocasiones desagradable cuando eleva el nivel de decibelios. Es en cierto sentido divertido tener vecinos sin cara, yo sé de él tanto como él sabe de mí, de mis gritos, de mis canciones, de mis confesiones, de mis taconazos y de mis llantos. Jugamos con la misma carta, la del oído, no obstante, él no sabe que poseo un hándicap al vivir arriba; puedo oler su perfume desde mi habitación. Y no está nada mal.
miércoles
Ich mag es, ich mag es nicht

martes
Ein Affe im Meer

Bandera de Libia
jueves
I'm talking it to you. In a language I don't speak.
"Soy feliz, soy un hombre feliz, y quiero que me perdonen por este día los muertos de mi felicidad"
viernes
je ne pleurerai pas
Te dije una vez cómo era el planeta cuando parpadeaba; de repente te veo a ti, morena y dulce, de repente parpadeo porque noto que mis ojos empiezan a secarse y en una milésima de segundo veo un campo que no puedo describir, es sólo campo, sólo verde, ni si quiera hay diferentes tonos, sólo un árbol que no puedo decirte qué tipo de árbol es.
Nunca había imaginado que fueras a morir, te he imaginado de todos los colores, manifestándote en formas diferentes, en animales exóticos. Te he imaginado bailando flamenco en Suecia, en Portugal, en Vancouver. Te he imaginado llorando porque sí y llorando porque no, jugando a dominó con Sean Penn, incluso poniendo una lavadora o yendo a comprar mantequilla. Pero esto no, no sabía que la imaginación tenía límites, con esto no creía que llegarías a sorprenderme.
¿Pensabas dejarme aquí sentado?, ¿escuchando el debate de las mañanas de cuatro?, ¿escuchando el sonido constante de los no latidos de tu corazón? He venido porque has alterado mi vida, me dieron la noticia de que te ibas y vengo a irme contigo, a cerrar los ojos para siempre, para que llueva eternamente y el viento no seque mis pupilas, para ver así un campo verde interrumpido por tres sombras, la de un árbol desconocido y la de nosotros dos compartiendo un zumo tropical. Tú tan solo se breve, haz el favor de serlo, breve como una caída y cuando estés de cara al universo, estirada, espérame quieta, que en pocas horas estaré a tu lado.
domingo
Matryoshka
No tengo secretos porque me espía desde dentro. He perdido el apetito desde que me lo comí, se ha convertido en una enfermedad sin nombre, no puedo hablar con él porque no puede escucharme y sin embargo es horrible saber que conoce todo lo que pienso y no saber qué opina al respecto. Es un virus que no se corta las uñas y me rasca los huesos cada noche, me muerde las arterias cada mañana y se cuelga de las cuerdas vocales por la tarde, ¿puedes imaginar cómo duele verdad? Pero el dolor no me importa, estoy tan enamorada de él, es el sujeto de mis lamentos, la prueba de que no estoy sola conmigo misma... y además cuando duermo escucho su voz, me dice cosas muy bonitas, consigue que olvide respirar y que mis dedos bailen sin orden previa, son cosas que nadie me dirá nunca porque nadie sabe que existen cosas así. Hace que me sienta al borde de la muerte en cada instante y que me de igual. No tengo secretos porque me espía desde dentro, ojalá yo pudiera hacer lo mismo con él.
viernes
Butch Cassidy & The Sundance Kid
Así seguirían esos calurosos días en busca de la llanura de un río donde poder trotar y hablar entonces de nuevos bancos para asaltar y de nuevos lugares a los que ir.
Lo que nunca fue (ni fue necesario ser) de Butch Cassidy y Sundance Kid.
miércoles
metáfora circulatoria
lunes
uno, dos y tres
Pues no haces más que provocar mareas que vienen y van, que vienen y se van, que empiezan sacudiéndolo todo desde la primera partícula de bello que pueden encontrar, perfilando cualquiera de mis extremidades, hasta la esquina más intima de mi sistema interior central.
Dímelo miedica, dime que hay hielo, que se está helando la distancia de cordialidad que nos guardamos por mutuo acuerdo inexistente. Es que me sumerjo, cierro las persianas para que no entre tu luz, aprieto con fuerza aquello que no se puede romper, me convierto en aceite para esquivar tu agua…
Y acabas entrando escarabajo, te tiras a mi densa piscina con los ojos cerrados, y es que te vas a dar tal coscorrón contra mi caparazón que vas a salir disparado, vas a llegar a Singapur en cohete, y una vez allí rezarás una y mil veces convertirte en un fantasma, para poder esconderte tras tus sábanas mientras yo me sigo enredando en mi edredón.
Dímelo gallina, dime que hubo un incendio, que solo quedan cenizas, que quemaste hasta el último rastro de afecto, hasta el último pétalo de vida. Da la cara, no te escondas bajo la excusa de mi inexistencia, hazme ver que solo hay fuego y dejaré de escupirte así.
jueves
Miss Unhappy
Pensamientos de La Muerte un martes por la tarde de primavera.
Time goes by
_ ¿Por qué vas a decirme que ya no me quieres?, ¿Y lo vas a hacer de este modo? ¿Tan a propósito?, ¿Llevando este perfume que tanto me gusta? Ayer me querías Toni, no puedes dejar de quererme de la noche a la mañana.
_Lo que no puedes hacer tu, Elena, es ver que me voy cada vez que llego. Ese es tu problema, que incluso soñando te da miedo que se acerquen a decirte que te quieren. Y esa era mi intención, iba a decirte a propósito, que te he echado de menos todo el día.
